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El estigma social de sufrir una depresión

8 razones por las que el estigma sobre la depresión debe terminar. Porque es una enfermedad, no una elección.

La depresión es una enfermedad grave de la que ni tú ni ningún otro paciente debe avergonzarse. Pero esto es difícil de evitar.

A pesar de que es la enfermedad mental más común, la depresión clínica sigue siendo un tema de discusión tabú para muchas personas y una enfermedad estigmatizada.

Esto me resulta impactante, teniendo en cuenta que solo en España hay 2,4 millones de personas que sufren depresión (el 5,2 % de la población) de acuerdo con la OMS.

Con toda seguridad, esa cifra es mayor porque solo cuenta a las personas que han sido diagnosticadas.

Según la OMS, menos de la mitad de las personas con depresión clínica están recibiendo un tratamiento adecuado. Y eso puede llevar a la pérdida de interés en las actividades, trastornos del sueño y apetito, y baja autoestima. Si una persona con depresión no recibe tratamiento puede incluso aumentar la probabilidad de que cometa suicidio.

Y a pesar de estas estadísticas, hay quien considera que en muchos casos la persona con depresión “exagera sus síntomas” o “no hace todo lo posible por animarse y salir del bache”.

La estigmatización de la depresión es una de las barreras invisibles para las personas que tienen que luchar contra la depresión. De hecho, tratar la depresión como un problema personal en lugar de una enfermedad real puede hacer que las personas deprimidas eviten buscar ayuda profesional y en su lugar se culpen por su depresión.

En pocas palabras, la depresión es una enfermedad grave, no un signo de debilidad o un defecto de carácter.

Consulta estas 8 razones por las que la estigmatización de la depresión debe desaparecer cuanto antes.

1. Tú no has escogido tener una enfermedad

Cuando alguien padece una enfermedad física grave, por lo general no escuchamos comentarios ofensivos acerca de su pereza o de cómo claramente esa persona no intenta recuperarse. Hablar así de alguien con una enfermedad física es socialmente inaceptable, y por una buena razón.

Pero es muy común escuchar que la depresión es la consecuencia de que te hayas dado por vencido o de no poner suficiente empeño en ver el lado bueno de las cosas.

A tu pareja, tus hijos o tus compañeros de trabajo puede resultarles muy difícil entender por qué te sientes así. Más de una paciente me ha confesado que a su marido le resultaba incomprensible que estuviera deprimida porque todo marchaba bien: estaban felizmente casados, tenían unos hijos estupendos, ingresos regulares y un buen trabajo y no padecían ninguna enfermedad física grave.

Lo que no entendían esos maridos es que sí que hay una enfermedad grave. Pero no física, sino mental.

La depresión no es un producto de la imaginación de la paciente. Es una enfermedad causada por una combinación de desequilibrios químicos y reguladores del estado de ánimo defectuosos en el cerebro, del que la paciente no tiene el control.

2. El estigma social puede hacer que quienes sufren depresión se sientan culpables

Cuando tienes un episodio de depresión tu autoestima suele estar baja. Y cuando miras a tu alrededor y ves a personas despreciando o ninguneando tu enfermedad, es fácil que adoptes sus puntos de vista y te estigmatices a ti misma.

Que te preguntes si realmente estás así porque eres débil o te gusta recrearte en pensamientos negativos. Y te empiezas a preguntar si lo que sientes es algo que has elegido tú y si para salir de tu situación solo necesitas poner más empeño.

Te dices a ti misma: “Qué más da que yo sepa que la depresión es una enfermedad causada por los genes y la química; si los demás no entienden los hechos científicos, ¿por qué debería hacerlo yo?”

Esta estigmatización solo empeora la depresión y puede hacer que dejes de considerar la opción de buscar ayuda de amigos y profesionales de la salud mental.

Pocas personas son conscientes del daño que unas pocas palabras irreflexivas pueden provocar en una persona deprimida.

3. El estigma social hace que seas menos propensa a abrirte a los demás

Mi experiencia al tratar y hablar con mujeres que han tenido una depresión me ha proporcionado numerosos relatos sobre cómo esta enfermedad es percibida como algo de lo que avergonzarse, y por lo tanto la mantienen en secreto.

Una mujer joven que ni siquiera se atreve a contárselo a su padre que es psiquiatra. Otra mujer que no podía confiar en su hermano y se guardaba para ella sus pensamientos e intentos de suicidio.

Por un lado, muchas personas no saben qué decir o cómo actuar cuando alguien les confiesa que tiene depresión. Aunque está demostrado que la familia y los amigos son un apoyo clave, en la mayoría de casos no conocen los recursos para apoyar y ayudar correctamente a un conocido o familiar con depresión. Un amigo o familiar que se interese por entender por lo que estás pasando puede ayudarte a asimilar que no hay nada de qué avergonzarse y animarte a buscar ayuda.

Por otro lado, hay una sensación de fracaso en estas mujeres, como si sintieran que no han sabido manejar su situación. Sé lo difícil que resulta hablar de la depresión cuando se está en ella. Es más sencillo cuando la persona está en una fase inicial o está superando la depresión. En este sentido, las terapias grupales son una excelente herramienta. Porque solo una persona con depresión entiende exactamente por lo que ha pasado otro depresivo. En esas reuniones se crea un entorno de confianza por la vivencia común que hace que puedan hablar sin tapujos entre ellos sobre su experiencia.

4. El estigma provoca discriminación en el trabajo

La mayoría de personas con depresión quieren trabajar y son plenamente capaces de ser miembros productivos de una plantilla. Sin embargo, hasta el 50% de los responsables de contratación confesaron en un estudio que son reacios a contratar a una persona que está recibiendo tratamiento para la depresión.

Esto es extremadamente preocupante, no solo porque las personas deprimidas necesitan dinero para sobrevivir, como todos los demás, sino porque, para muchas personas, la estructura y la productividad de un día de trabajo pueden ayudar en su recuperación.

Muchas mujeres con trabajo me cuentan que se sienten rechazadas por sus compañeros si se descubre información sobre su depresión. Y es que parece inevitable que las personas lleven sus prejuicios personales al lugar de trabajo.

Reconozco que es una situación delicada y que en ocasiones requiere la evaluación de un profesional médico para determinar si necesitas una baja laboral. Este es el relato de Lewis Wolpert, un profesor de universidad que sufrió depresión y que narra su comportamiento y el de algunos compañeros en su grupo de investigación:

“Los individuos deprimidos tienen un impacto negativo en aquellos con quienes interactúan, por ejemplo, en el trabajo. Cuando están en una posición de poder, tienden a explotar su posición y en los roles subordinados tienden a culpar a los demás. Recuerdo, ahora con algo de culpa, que antes de mi propia experiencia con la depresión, había contratado temporalmente a una asistente para trabajar en el laboratorio que resultó ser muy buena en su trabajo pero que estaba al borde de una depresión severa. Su efecto sobre el grupo en el laboratorio fue tan grave que tuvieron grandes dificultades para trabajar, no solo con ella sino también cerca de ella, por lo que tuve que dejarla ir. Supongo que hoy habría podido manejar mejor la situación, pero aún así no hubiera sido fácil.”

Contar con la ayuda de un profesional médico puede ayudarte a determinar si estás en condiciones de solicitar una baja o de reincorporarte al trabajo en el momento en que el tratamiento te produzca mejoría.

5. El estigma y la vergüenza pueden hacerte fingir que todo va bien o provocar somatizaciones

La vergüenza y el estigma asociado con la depresión pueden hacer que evites admitir que estás enferma.

Las enfermedades mentales se perciben como diferentes a las enfermedades físicas porque se expresan a través de esas características que nos hacen humanos, cognitivos, afectivos y conductuales. Por lo tanto, pensamos que una enfermedad mental representa el núcleo de la persona y no solo afecta a algún órgano como el corazón o los pulmones.

Me resultan conmovedores los relatos de cómo algunas mujeres tratan de ocultar su depresión. Recuerdo en especial el comentario de una madre que me contaba cómo podía hablarle alegremente a su hijo mientras al mismo tiempo componía, en su mente, la nota suicida que le dejaría.

También existe un estigma en torno a los medicamentos antidepresivos. Porque se percibe por la sociedad y el propio enfermo que tomar medicamentos antidepresivos alteran la mente y crean adicción.

Guardarte la depresión para ti también puede causar somatización y que empieces a sentir dolor físico. Al fin y al cabo, es más fácil explicar que estás mal porque estás fatigada, te duele el estómago o la espalda que porque tienes depresión. Es algo que parece que quienes están a tu alrededor sí que entienden.

6. El estigma da lugar a ideas erróneas peligrosas

Lo vemos a diario en las noticias. Después de un evento trágico como un tiroteo en masa, los medios de comunicación a menudo resumen la noticia informando de que el perpetrador tenía «antecedentes de enfermedades mentales».

Este comentario vago y poco responsable hace un flaco favor, pues agrupa todas las enfermedades mentales en el mismo saco, cuando en realidad hay una gran variedad de patologías mentales con síntomas muy diferentes.

Pero el verdadero problema con este discurso simplista es que están promoviendo un estereotipo que no es exacto: un estudio de 2014 demostró que las personas con enfermedades mentales tienen más probabilidades de ser víctimas de violencia que de ser responsables de estos actos.

Aún así, las diferentes enfermedades mentales tienen sus propias características en relación con el estigma. Por ejemplo, a diferencia de la depresión, las personas con esquizofrenia o adicciones se consideran peligrosas. Pero los depresivos son vistos como personas impredecibles que, si realmente lo intentaran, podrían recomponerse. Esto tiene que ver en parte por la naturaleza negativa de la enfermedad. Este aspecto negativo suele hacer que los demás te perciban como alguien poco confiable; alguien “que se inventa” el malestar o alguien débil que no tiene la suficiente fuerza de voluntad para salir del pozo.

Si bien es cierto que muchos perpetradores de delitos y violencia están mentalmente enfermos, los medios y la sociedad deben abandonar la idea de que las personas con depresión son peligrosas porque, en general, no es así. El enfoque debe cambiar hacia la promoción de una cultura que aliente a las personas a buscar ayuda sin temor a ser juzgadas por tener una depresión.

7. El estigma se produce por falta de iniciativas para visibilizar la depresión

Creo que el factor que más contribuye al estigma social de la depresión es la dificultad para aquellos que no han experimentado depresión de comprender lo que está pasando una persona con depresión.

Quienes han sufrido una depresión me cuentan que la experiencia es casi imposible de describir. Y la situación se ve empeorada ante la ausencia casi total de buenas descripciones de la depresión en la literatura. No conozco ninguna. Los escritores han descrito su propia depresión, pero ninguno la ha plasmado en forma de novela. Virginia Woolf, conocida por sus episodios depresivos, nunca lo hizo. Quizás es demasiado difícil. Tal vez si puedes describir tu propia depresión severa es que realmente no la hayas tenido.

Existen iniciativas como I Fight Depression que tratan de concienciar y formar a la sociedad acerca de cómo actuar ante un familiar o conocido con depresión. He de aplaudir las iniciativas de algunos programas como Salvados de La Sexta, que dedicó un episodio a hablar y visualizar la depresión en su especial uno de cada 5.

Toda iniciativa que visualice y dé voz a la persona con depresión ayuda a concienciar a la sociedad de la gravedad de esta enfermedad.

8. El estigma te puede disuadir de buscar ayuda profesional

A veces, puede ser difícil reunir el valor para acudir a un profesional, especialmente cuando escuchas mensajes a tu alrededor que insinúan incluso que la depresión ni siquiera es una enfermedad real.

Varios estudios han demostrado que el temor ha ser juzgado por los demás disuade a las personas con depresión a la hora de buscar ayuda profesional.

Muchas personas que sufren de depresión creen que ver a un profesional de la salud mental puede desencadenar una reacción negativa por parte de familiares y amigos cercanos. Otras personas incluso temen el diagnóstico de médicos y terapeutas y las consecuencias de vivir con una etiqueta de “enferma mental”.

Dado que más del 80 por ciento de las personas que reciben tratamiento para la depresión informan de que les ha resultado útil, tener el coraje de buscar ayuda profesional es un elemento clave para tu recuperación.

Si estás leyendo esto y sientes que no estás en tu mejor momento, si crees que puedes estar ante una recaída de una depresión crónica, entonces rellena el cuestionario de Riesgo de Depresión Recurrente [enlace al cuestionario]. Es online, gratuito y te permitirá saber en qué situación te encuentras y qué puedes hacer al respecto.

Si tú también estás tan indignada y harta de la estigmatización de la depresión como yo, entonces tenemos que hacer que la sociedad escuche lo que tenemos que decir: comparte ahora mismo este artículo por Facebook y WhatsApp a tus familiares y amigos.

Entre todas, podemos cambiar las cosas.

Un abrazo,

Ana Isabel Sanz.

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